Con una panorámica brutal de la frontera con Portugal y la desembocadura del Miño, comenzaremos a andar desde uno de los mayores y mejor conservados castros de Galicia: el castro de Santa Tecla (Santa Trega, en galego), una auténtica ciudad de la antigüedad. Un lugar lleno magia y misterio.
A principios del siglo I d.c. llegó a tener 5.000 habitantes y aunque su estructura parece caótica, está perfectamente urbanizada. Se encontraba en un lugar estratégico, alto y excelente para la defensa pero sin fuente, ni manantial conocido por lo que necesitaban aljibes para recoger agua de la lluvia. La planta de sus casas era redonda u obalada- no cuadradas como las de los romanos-para evitar que en sus paredes se "encajasen los malas espíritus". Se trata, en fin, un excelente lugar para comenzar un camino de Santiago.
Forma parte de uno de los 3.000 castros documentados en el noroeste peninsular y de una cultura que terminó con la llegada de Roma.
Los que habitaron este castro se dedicaban ,fundamentalmente, a la pesca-marisqueo-, ganadería, al trueque comercial, caza, recolección de frutas y a la metalurgia-recordar que estaban en plena Edad del Hierro- aunque desconocían la escritura. Tampoco se ha encontrado ninguna necrópolis cercana y se desconocen sus ritos funerarios (¿incineraban sin guardar cenizas?)y al parecer practicaban algún tipo de religión politeísta encabezada por el dios Taranis (dios del trueno, que recuerda a Thor. el dios vikingo). Sin embargo no se ha documentado edificio alguno con finalidad religiosa. Tampoco se han hallado restos de armas y al parecer, convivieron bastante pacíficamente con Roma. Sin embargo, se trata de un recinto amurallado que nos refiere su carácter defensivo.
En la cultura popular gallega en los castros habitaban seres mágicos como las "mouras" mujeres hermosas que engañaban a los hombres con sus dotes de persuasión-algo así como nuestras lamias.
En este castro son famosos sus petroglifos-figuras solares grabadas en las piedras que representan divinidades solares y lunares. Intentaremos subir en autobús y después de un rato de visita comenzaremos la pateada mañanera hasta Oia(12 kms.)
LA CETÁREAS
La cetáreas son viveros de marisco, construidos sobre las rocas de la costa para aprovechar las mareas que al subir y bajar renuevan el agua del vivero. (cetaria en latín significa lugar de crecimiento)
La primera parte de la etapa del día discurre por la llamada ruta de las cetáreas. Construidas a finales del XIX, la familia propietaria conservaba sus capturas de langostas y bogavantes hasta que el producto se vendía.
La senda peatonal es llana y comienza en el puerto y recorre casi 4 kms. de longitud. actualmente existen cetáreas más modernas ubicadas en tierra. Casualmente el próximo fin de semana se celebra "a festa da langosta" en A Guarda. Pena por poco no conoceremos el pueblo en su pleno esplendor.
Parece que la cetárea Redonda es la más impresionante. Está cerca del camino e igual merece la pena acercarse. Eso sí, con cuidado que son algo peligrosas con marea alta.
OIA
A 13 kms. de A Guarda nos encontraremos con una de las maravillas de la arquitectura marinera gallega. Se trata del Real monasterio de Oia del sigloXII.
Su emplazamiento no es casual ya que se sitúa en un punto estratégico para la defensa de la costa. Un auténtico baluarte defensivo frente a saqueos e invasiones marítimas. En el siglo XVIII está documentada una batalla de los “monjes artilleros” contra piratas turcos en la que fueron hundidos 5 naves corsarias.
También es famoso el monasterio ya que sus monjes se dedicaron muchos años a la cría de caballos salvajes que en la actualidad ha dado lugar a la famosa fiesta de “rapa das bestas” que se celebra en una localidad cercana.
El trabajo benedictino nos deja también la tradición del vino albariño en la zona.
La desamortización conllevó que los monjes fuesen expulsados y el monasterio fuera vendido. En el presente el monasterio está en manos privadas.
Aprovecharemos el lugar para comer en un restaurante a tres kilómetros al que nos acercará el bus: Restaurante Lorena
Por la tarde 6 kilómetros de paseo por el monte. El primero en duro ascenso hasta el punto más alto de la etapa. Atravesamos un bosque con caballos salvajes, recorriendo una antigua calzada de uso ancestral. Se observan todavía las huellas en la piedra de los antiguos carros. Se trata de un camino de hierba, piedras y tierra que se conoce como el Camiño da Portela. Vamos a pasar un par de cancelas que dejaremos cerradas a nuestro paso y a lo lejos vamos a poder ver en una bella imagen del Faro de Cabo Silleiro. Bajando ahora llegaremos a Baredo y sus casas, pasando por un cruceiro y algo más abajo un lavadero que invita a remojar los pies y por qué no, pasear por las pasarelas que hay junto al riachuelo. Desde allí, volvemos a subir un poco para bajar ya definitivamente hacia el barrio de San Antón de Baiona, que nos recibe con una curiosa fuente reformada a modo de torreón.
BAIONA
La primera etapa termina en Baiona. La entrada de la ría de Vigo y de las Rías Baixas se trata de un atractivo destino turístico con un impresionante casco antiguo de pequeñas dimensiones y que habría que pasear, si las fuerzas lo permiten después de la etapa.
Históricamente la villa es recordada por ser el primer lugar de la llegada de la noticia del descubrimiento de América ya que el 1 de marzo de 1493 la Pinta arribó en su puerto antes que lo hiciera Colón en Lisboa. Se puede visitar una interesante réplica del barco en su puerto deportivo.
En marzo se celebra la famosa fiesta de la arribada que recuerda este hecho histórico.
Sin embargo, la fortaleza de Monterreal es su edificio más emblemático que evidencia que Bayona fue uno de los puertos más importantes desde la Edad Media. Se puede pasear por el exterior en un recorrido de unos dos kilómetros con unas impresionantes vistas de las islas Cíes .El paseo se inicia en la Praia de A Cuncheira y se puede entrar en el recinto amurallado aunque ,a veces, pongan pegas. Las vistas merecen la pena y dentro es como trasladarse a otra época con sus baluartes, torres, almenas.. El acceso es una empinada cuesta con un pavimento peligroso así que evitad las chanclas.
Sus pequeñas playas también son un buen reclamo para los turistas veraniegos.
En Baiona las heladerías abren todo el año y son heladerías heladerías, de las de verdad.

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